Hay situaciones en las que una persona sabe perfectamente qué decisión debería tomar.
Lo sabe racionalmente.
Lo ha pensado muchas veces.
Incluso ha hablado del tema con otras personas.
Y aun así, sigue sin actuar.
No porque le falte información.
No porque no tenga capacidad.
Sino porque actuar implica algo más profundo que simplemente decidir.
Implica asumir consecuencias.
Tomar una decisión significa aceptar cambios, incomodidad y, muchas veces, renunciar a otras opciones.
Y ahí es donde aparece el verdadero bloqueo.
Muchas personas creen que necesitan más claridad para avanzar.
Pero en realidad, lo que ocurre es que ya entienden bastante bien la situación. Lo difícil no es encontrar la respuesta, sino asumir lo que esa respuesta exige.
Porque decidir tiene un coste emocional.
A veces significa salir de una situación conocida.
Otras veces significa dejar atrás una versión de uno mismo que ya no encaja.
Y mientras exista resistencia a aceptar eso, la persona seguirá buscando más información, más tiempo o más seguridad antes de actuar.
Sin embargo, la claridad absoluta rara vez aparece antes de tomar una decisión.
En muchos casos, la claridad llega después del movimiento.
Después de asumir una dirección.
Después de actuar pese a la duda.
Por eso, el cambio real no empieza cuando desaparece el miedo.
Empieza cuando una persona deja de esperar el momento perfecto y comienza a responsabilizarse de lo que ya sabe que necesita hacer.
Porque el problema no siempre es la falta de claridad.
A veces, el verdadero problema es evitar el compromiso que implica actuar.
Álex Jalón Vázquez
Coach AICM Nº14340
Procesos de cambio y fortaleza personal
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