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Hay días en los que no necesitas motivación.

Necesitas dejar de negociar contigo mismo.

Sabes que tienes que entrenar, pero te dices que mañana será mejor.

Sabes que tienes que empezar ese proyecto, pero esperas a sentirte preparado.

Sabes que tienes que poner un límite, pero buscas una excusa para no hacerlo.

Sabes que tienes una conversación pendiente, pero decides dejarla para otro momento.

Y entonces aparece una palabra que utilizamos demasiado: motivación.

“No estoy motivado”.

Pero quizá el problema no sea ese.

Quizá el problema es que llevas demasiado tiempo negociando contigo mismo.

Cada negociación parece pequeña

Lo peligroso de incumplirte no suele ser una gran decisión.

Es algo mucho más pequeño.

Cinco minutos más en la cama.

Hoy no entreno.

Ya empezaré el lunes.

Cuando tenga más tiempo.

Cuando esté preparado.

Cuando tenga más dinero.

Cuando las cosas estén más claras.

Una vez no parece importante.

Pero una vez se convierte en costumbre.

Y la costumbre termina construyendo una identidad.

Porque cada vez que te prometes algo y no lo cumples, aprendes algo sobre ti.

Y cada vez que cumples contigo, también.

La confianza en ti mismo se construye en privado

Hablamos mucho de autoestima.

De confianza.

De creer en uno mismo.

Pero hay una parte de la confianza de la que se habla menos:

La confianza que nace de saber que puedes contar contigo.

No necesitas demostrarle a todo el mundo quién eres.

Necesitas demostrarte a ti mismo que tus palabras tienen valor.

Si dices que vas a hacerlo, hazlo.

Si dices que vas a empezar, empieza.

Si dices que vas a poner un límite, ponlo.

Si decides cambiar algo, acepta que cambiarlo tendrá un precio.

Porque convertirse en la persona que quieres ser no consiste únicamente en pensar diferente. Consiste en comportarse de acuerdo con lo que dices que valoras.

No siempre vas a tener ganas

Esta es probablemente una de las ideas más incómodas del crecimiento personal:

Nno siempre vas a querer hacer lo que necesitas hacer.

Habrá días en los que entrenarás sin ganas.

Días en los que trabajarás cansado.

Días en los que tendrás miedo.

Días en los que dudarás.

Días en los que nadie te reconocerá el esfuerzo.

Y precisamente ahí aparece la diferencia.

Cuando tienes ganas, actuar es fácil.

Cuando no tienes ganas y aun así haces lo que sabes que debes hacer, estás construyendo algo mucho más importante que el resultado de ese día.

Estás construyendo carácter.

La pregunta no es ¿me apetece?

Quizá una de las preguntas que más nos limita sea:

¿Me apetece hacerlo?

Prueba a sustituirla por otra:

¿Esto está alineado con la persona que quiero llegar a ser?

La primera pregunta busca comodidad.

La segunda busca dirección.

Y no siempre coincidirán.

Habrá decisiones cómodas que te alejen de quien quieres ser.

Y habrá decisiones incómodas que te acerquen.

Por eso crecer no consiste en eliminar la incomodidad.

Consiste en aprender a no huir de ella.

Un pequeño ejercicio

Durante los próximos siete días, elige una sola cosa que llevas tiempo negociando contigo mismo.

Una.

No diez.

No necesitas transformar tu vida en una semana.

Sólo necesitas dejar de incumplir una promesa concreta.

Escribe:

¿Qué llevo demasiado tiempo posponiendo?

Después:

¿Qué excusa utilizo habitualmente para no hacerlo?

Y finalmente:

¿Qué haría hoy si dejara de negociar conmigo mismo?

Hazlo.

Sin esperar a sentirte preparado.

Sin anunciarlo.

Sin necesitar que nadie te aplauda.

Porque algunas de las decisiones que más cambian una vida ocurren cuando nadie está mirando.

Quizá no necesites más motivación

Quizá necesitas menos negociación.

Menos mañana.

Menos cuando pueda.

Menos «cuando tenga ganas.

Y más decisiones pequeñas cumplidas.

Porque al final, tu vida no se construye únicamente con las grandes decisiones.

También se construye con todas esas pequeñas veces en las que nadie te estaba mirando y decidiste cumplir contigo.

Y quizá ahí empieza una de las formas más profundas de respeto hacia uno mismo:

Hacer lo que dijiste que ibas a hacer, incluso cuando podrías encontrar una excusa para no hacerlo.

¿Vales un euro? ¿Vales un millón de euros?

O vales infinito tanto para ser irremplazable…

Quizá la respuesta esté en tu ser interior del que desconoces por completo.

Never Give Up.

 

Álex Jalón Vázquez

Coach  AICM Nº14340

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