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He aprendido muchas cosas a base de experiencia, pero hay una que tengo clara: la soledad puede romperte o puede volverte fuerte. En mi caso, fue ambas cosas. Hubo momentos en los que no había aplausos, ni seguridad, ni caminos fáciles. Solo estaba yo, mis pensamientos y la necesidad de seguir adelante aunque no supiera muy bien cómo.

Crecí entendiendo pronto que nadie te regala nada. Que el trabajo, la constancia y la responsabilidad no son discursos bonitos, sino herramientas de supervivencia. Cuando no sobra el dinero, pero sí las

ganas, aprendes a valorar cada paso, cada pequeño avance y cada decisión tomada desde el esfuerzo.

Mi familia ha sido siempre un pilar silencioso. Mis padres, con su ejemplo diario, me enseñaron que la dignidad no depende de lo que tienes, sino de cómo te levantas cada día. Sin grandes palabras, pero con hechos. Con trabajo. Con sacrificio. Con estar.

Y si hay alguien que representa mi motor de vida, esa es mi hermana. Ella es fuerza, alma y lucha. Una guerrera en el sentido más real de la palabra. No por lo que dice, sino por lo que aguanta, por cómo sigue y por cómo inspira sin proponérselo. Cuando flaqueo, pienso en ella. Y sigo.

Mis perros han sido refugio y lealtad. En los días de ruido interno, ellos me devolvieron al presente. Me recordaron que no todo se mide en resultados, que el vínculo, la constancia y el cuidado también son formas de equilibrio.

Con el tiempo entendí algo importante: no rendirse no es ir siempre hacia delante, es no abandonarte cuando estás cansado. Es seguir trabajando incluso cuando nadie mira. Es construir con poco, porque no queda otra. Y descubrir que, cuando hay propósito, con poco se puede hacer mucho.

Hoy acompaño a personas en procesos de cambio porque sé lo que es sentirse solo, bloqueado o sin margen. Sé lo que es tener que sacar fuerza cuando parece que no queda. Y sé que el verdadero cambio no nace de frases motivacionales, sino de la capacidad de sostenerse, trabajar con lo que hay y no traicionarse.

Never give up no es una consigna. Es una forma de vivir. Es familia. Es trabajo. Es fuerza interior. Es levantarte una vez más, incluso cuando el camino se hace cuesta arriba. Y sobre todo, es entender que no hace falta tener mucho para llegar lejos, hace falta no soltarte de ti mismo.

 

Álex Jalón Vázquez

Coach  AICM Nº14340

Procesos de cambio y fortaleza personal

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