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Desde que el ser humano habita la Tierra, el estrés ha formado parte de su existencia. No es un enemigo nuevo, ni un invento moderno. Es una respuesta natural, una alarma biológica que nos ha permitido sobrevivir. En los tiempos del Paleolítico, cuando nuestros antepasados vivían en constante alerta ante depredadores o la búsqueda de alimento, el estrés era un aliado: activaba el cuerpo, agilizaba los sentidos y preparaba para la acción.

Con el paso de las eras, el estrés se adaptó. Ya no huimos de tigres, pero sí enfrentamos listas interminables de tareas, problemas laborales, incertidumbre económica y desconexión emocional. Durante la Revolución Industrial, por ejemplo, el estrés cambió de rostro: largas jornadas laborales, condiciones precarias y la exigencia de rendir a máxima velocidad se convirtieron en fuentes constantes de tensión. Y en la era digital, la hiperconectividad y la sobreinformación nos exponen a un estrés invisible pero permanente.

Ante esta evolución del estrés, también ha evolucionado nuestra necesidad de calmarlo. En los años 30, el médico Edmund Jacobson desarrolló su método de relajación progresiva, una técnica sencilla pero efectiva basada en tensar y relajar grupos musculares para inducir estados de calma. Y en los años 70, Jon Kabat-Zinn integró la sabiduría de la meditación budista con la ciencia occidental, creando el programa MBSR (Reducción del Estrés Basada en Mindfulness). Con libros como “Full Catastrophe Living” y “Wherever You Go, There You Are”, Kabat-Zinn demostró que la atención plena es una herramienta poderosa para habitar el presente, incluso cuando el entorno es hostil.

Pero más allá de las técnicas, hay un mensaje profundo: todos tenemos dentro de nosotros un espacio de calma. Ese lugar interno donde, aunque afuera haya tormenta, podemos elegir respirar, sostenernos, y seguir adelante.

Existe un cuento que lo ilustra bien. En un concurso para representar la paz, se presentaron muchas pinturas de paisajes tranquilos. El cuadro ganador, sin embargo, mostraba una fuerte tormenta: ráfagas de viento, cielos oscuros, lluvia intensa. Y en el centro del cuadro, dentro de una grieta en una roca, un pájaro alimentaba a su cría. Paz no era ausencia de ruido, sino la capacidad de cuidar, de amar y de actuar incluso en medio del caos.

Dominar el estrés en esta era no es escapar del mundo, sino aprender a vivir en él con presencia, con herramientas y con conciencia. Y, sobre todo, con la certeza de que pedir ayuda no es signo de debilidad, sino de fortaleza.

Hoy, más que nunca, es tiempo de reconectar con nuestro poder interior, aprender a calmar la mente y cultivar ese espacio donde, pase lo que pase fuera, seguimos alimentando la vida dentro.

 

Rosa Fernández

Coach AICM Nº13303

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