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“Lo que vemos cambia lo que sabemos. Lo que conocemos cambia lo que vemos” (Jean Piaget)

Recuerdo una linda canción de la infancia que decía: “…de colores se visten los campos en la primavera…”, y también recuerdo que la estación del otoño la representaban con las hojas secas que caían de los árboles transmitiendo una sensación de tristeza y soledad, pero fue en Japón donde aprendí que todas las estaciones son bellas, cada una con sus particularidades, que además de ser necesarias para la misma vida, en su desarrollo recrean la vista de quien las observa, como es el caso del árbol Momiji.

Su nombre científico es Acer palmatun, conocido como arce japonés o Momiji, es oriundo de Japón y también de Corea del Sur. Sus hojas son de color verde, debido principalmente a la clorofila y a la luz solar,  en especial durante la primavera y el verano, pero su color va cambiando cuando se acerca la estación otoñal, como consecuencia de la menor absorción de luz solar, debido a la ubicación del sol con respecto a la tierra, lo cual afecta a algunas especies de plantas en su producción de clorofila, como es el caso del Momiji, produciendo no obstante otras sustancias, como son : el Flavonol que incide en el color amarillo, el betacaroteno que provoca el color naranja, y finalmente la antocianina que da lugar al color rojo (Blog de Mistral Bonsai).

Aunque estos árboles se pueden observar dentro de la ciudad, ya sea en los parques o en los jardines de las casas, mucha gente va a los campos para recrearse la vista con el espectáculo que brinda la naturaleza, ya que, al ser paulatinamente su cambio de color, pueden verse todos sus colores al mismo tiempo durante el proceso de transformación. Entonces pensé, la canción de la primavera también se puede entonar en el otoño, “…de colores se visten los campos en el otoño …”, cuando caen las hojas conservando en su mayoría sus colores, pero algunas pueden tomar el color marrón. Por sus cualidades estos árboles decoran especialmente los templos sintoístas y budistas, existiendo también su propia canción en japonés.

Mientras escribía este tema no pude dejar de pensar que la vida es un proceso, donde todo tiene una continuidad ya que estamos gobernados por leyes que se cumplen desde que el mundo existe, y si se quiere forzar un proceso la situación se malogra.

He tenido experiencia en la observación de niños, que fueron catalogados en el colegio como niños inteligentes en relación con su grupo de compañeros. Se les preguntaba a los padres si deseaban que su hijo con una recomendación, pasara a un grado superior, algunos padres aceptaban, y estos niños efectivamente obtenían buenas notas en las materias escolares, pero este conocimiento, no lo significa todo en el buen desarrollo de un niño, porque se ha olvidado la parte emocional, que es la base del desarrollo integral del niño. Con el paso del tiempo, muchos de estos niños al interactuar con su entorno cometen errores que no son aceptados por su grupo, recibiendo críticas y sintiéndose incomprendidos, lo cual es lógico y consecuente por haberles forzado a compartir experiencias con niños mayores, y que como tales sienten y perciben una realidad diferente. En los colegios japoneses se le da mucha importancia a la edad de los alumnos, no encontrándose nunca niños de diferente edad en un aula escolar oficial. He aquí la analogía con la naturaleza, donde solo es en el otoño cuando el Momiji adquiere el color rojo, ni antes ni después.

“La tensión emocional prolongada puede obstaculizar las facultades intelectuales del niño y dificultar así su capacidad de aprendizaje” (Daniel Goleman).

Hoy les comparto la realización de la hoja del Momiji en origami, que además de ser un arte, se usa como herramienta de trabajo para estimular la concentración, la observación y la creatividad, y con la repetición de los movimientos de los dedos se estimula la motricidad fina, necesaria para hacer trabajos de precisión. En esta ocasión realizaremos una corona de navidad con 15 hojas de Momiji y un anillo de cartulina, poniendo así en práctica la precisión óculo–manual.

Feliz Navidad y ¡Manos a la obra!

https://youtu.be/OwB7qqh21AY  confección de la hoja del Momiji

Materiales

  • 1 lámina de 7,5 mm x 7,5 mm para una hoja de Momiji
  • Un aro de cartulina de 18 cm de diámetro exterior y 3 cm de ancho (corona circular)
  • Tijeras, lápiz, pegamento
  • 1 lazo rojo

Indicaciones

Doblar preferentemente por el revés del papel, para evitar que se vean las marcas del lápiz (Paso 6), sosteniendo bien los pliegues.  Yo lo he doblado por el lado de color para mostrar mejor el proceso.

En el paso 1 la lámina cuadrada se ha doblado por la mitad, y en paso 8 abrir con cuidado toda la hoja recortada.

Finalmente las hojas recortadas se pegan sobre la corona, como se muestra en la última figura.

 

https://www.mizunomaria.com

 

María Mizuno

Coach AICM Nº 12154

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