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Principios de antes para problemas de hoy

Vivimos en una época en la que casi todo está diseñado para que ocurra rápido.

Queremos respuestas rápidas, resultados rápidos, relaciones rápidas, cambios rápidos.

Si algo tarda demasiado, nos impacientamos.

Si algo cuesta, buscamos otra opción.

Si no vemos resultados, pensamos que no funciona.

Y quizá el problema no sea que nos falten herramientas.

Quizá nos estén faltando algunas cosas que antes se daban por sentadas.

No hablo de volver al pasado ni de pensar que cualquier tiempo anterior fue mejor. Hablo de recuperar ciertos principios que siguen teniendo valor aunque el mundo haya cambiado.

Dar tu palabra.

Llegar cuando dijiste que llegarías.

Terminar aquello que empezaste.

Aprender a esperar.

Hacer las cosas bien aunque nadie esté mirando.

Aguantar una dificultad sin abandonar inmediatamente.

Hacerse responsable de los propios actos.

Son cosas sencillas.

Pero no siempre son fáciles.

La palabra tenía un peso

Antes, cuando alguien decía “lo haré”, esa frase tenía un significado.

Hoy tenemos calendarios, recordatorios, aplicaciones y mensajes para todo. Y, aun así, podemos incumplir nuestros propios compromisos constantemente.

No siempre porque seamos incapaces.

A veces simplemente porque hemos aprendido a negociar demasiado con nosotros mismos.

“Hoy no.”
“Mañana empiezo.”
“Ya lo haré cuando esté mejor.”
“No pasa nada por dejarlo.”

Y poco a poco dejamos de confiar incluso en nuestra propia palabra.

Por eso la disciplina no consiste únicamente en hacer mucho. También consiste en poder confiar en ti cuando dices que vas a hacer algo.

No todo tiene que ser inmediato

Hay cosas que necesitan tiempo.

Un cuerpo fuerte.

Un hábito.

Una relación.

Un proyecto.

Una profesión.

Una personalidad más madura.

No podemos acelerar todos los procesos.

Vivimos rodeados de estímulos que nos acostumbran a recibir algo inmediatamente. Pero la vida sigue teniendo una regla que ninguna tecnología ha conseguido eliminar:

lo que merece la pena suele exigir tiempo.

Y aprender a esperar también es una forma de fortaleza.

Hacerlo aunque nadie lo vea

Quizá una de las diferencias más importantes entre trabajar para aparentar y trabajar para construir sea precisamente esta:

qué haces cuando nadie está mirando.

Cuando no hay una foto.

Cuando no hay reconocimiento.

Cuando nadie va a felicitarte.

Cuando puedes elegir entre hacer lo correcto o buscar la salida fácil.

Ahí aparece el carácter.

Porque la disciplina pública es fácil de enseñar.

La disciplina privada es la que realmente construye una persona.

Y aquí aparece CCC

El Método CCC parte de tres principios:

🧠 CABEZA

CABEZA, para pensar con claridad y criterio.

❤️ CORAZÓN

CORAZÓN, para recordar qué valores quieres defender.

🥊 COJONES

COJONES, para actuar cuando sabes lo que tienes que hacer pero hacerlo resulta difícil.

Quizá eso sea, en el fondo, este pequeño Código de Vieja Escuela:

No hacer las cosas porque sean fáciles.

Hacerlas porque merecen la pena.

No buscar siempre el camino más cómodo.

Aprender a caminar también por el que cuesta.

No necesitar que todo el mundo vea lo que haces.

Ser capaz de estar orgulloso de ello aunque nadie lo sepa.

Porque el mundo puede cambiar.

Las herramientas pueden cambiar.

La forma de comunicarnos puede cambiar.

Pero algunas cosas siguen dependiendo exactamente de lo mismo:

tu palabra, tus decisiones y tus actos.

Y quizá una de las preguntas más incómodas que podemos hacernos hoy sea también una de las más sencillas:

¿Podrías volver a confiar plenamente en tu propia palabra?

Ahí empieza el trabajo.

Cabeza para pensar.

Corazón para elegir.

Cojones para actuar.

 

Álex Jalón Vázquez

Coach  AICM Nº14340

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