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En algún momento de tu vida empezaste a pensar que no eras suficiente, que no valías y que por mucho que intentaras hacer ciertas cosas nunca ibas a lograrlo.

Y lo curioso es que tú no naciste pensando así.

Las creencias que hoy condicionan cómo te ves, cómo te sientes, cómo decides o hasta dónde puedes llegar, no aparecieron de repente. Se fueron construyendo poco a poco, en etapas en las que ni siquiera eras consciente de que estabas aprendiendo cosas sobre ti y sobre todo lo que te rodea.

Experiencias, miradas, comentarios, comparaciones…sin saberlo, todo eso fue dejando huella.

Y sin darte cuenta, todo lo que un día fueron interpretaciones, hoy funcionan como “verdades”.

Entender cómo se construyen esas creencias es clave si quieres empezar a cuestionarlas y dejar de vivir en modo automático.

Todo empieza mucho antes de lo que solemos pensar. En los primeros años de vida, cuando todavía no tenemos la capacidad de cuestionar, simplemente absorbemos todo cuanto tenemos a nuestro alrededor.

Lo que vemos, lo que escuchamos, cómo nos hablan…

Todo ello va construyendo una primera idea de quiénes somos y cómo funciona el mundo.

En esta primera etapa no hay filtro, no hay análisis, solo aprendizaje mediante observación.

Y es ahí donde empiezan a marcarse muchas de las creencias que, años más tarde, seguirán marcando nuestras decisiones.

Con el paso de los años, ese niño o esa niña empieza a compararse, a observar cómo encaja con los demás. Ya no solo escucha, también interpreta. Y de esas primeras interpretaciones empiezan a nacer las primeras conclusiones sobre sí mismo o sí misma.

“No se me da bien esto”, “no puedo hacer esto”, “no soy como los demás”, “esto no es para mí”.

Lo que en un principio fueron tan solo experiencias concretas, poco a poco se van convirtiendo en etiquetas.

Más adelante, en la adolescencia, esas etiquetas dejan de ser simples pensamientos y pasan a integrarse en nuestra identidad, en “quien soy”.

“Yo soy así”, “a mí esto no se me da bien”, “no valgo para esto”.

Y cuando una creencia se convierte en identidad, deja de cuestionarse. Se defiende y se protege, incluso se refuerza con cada experiencia que tenemos a lo largo de nuestra vida.

Y así es como llegamos a la vida adulta…

Con un conjunto de creencias que operan en modo automático, influyendo en lo que pensamos, en lo que elegimos y en cómo nos relacionamos con nosotros mismos y con los demás.

“No valgo”, “no voy a poder”, “no voy a encajar”…

No porque no se pueda…

Sino porque en el fondo, se sigue creyendo que no se puede.

El problema no es tener creencias, todas las personas las tenemos. El problema es no saber que están ahí.

Porque cuando no las ves, no las cuestionas…y cuando no las cuestionas, son ellas las que deciden por ti.

Al final, no se trata de borrar el pasado. Se trata de dejar de vivir condicionado por él.

No elegimos muchas de las creencias con las que crecemos. Pero sí podemos decidir si queremos seguir viviendo desde ellas.

Y ese, muchas veces, es el inicio del verdadero punto de cambio.

 

David Torrent

Coach AICM Nº13162

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