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Hace unos días viví una experiencia que me dejó latiendo más fuerte el corazón. Volví a una oficina donde trabajé hace años y, al entrar, la recepcionista no sólo recordó mi nombre, sino que se levantó para saludarme con cariño. Se acordaba del apoyo que le había brindado en aquel entonces.

Mientras volvía a casa, me quedé pensando en lo que realmente significa “dejar huella”.

A menudo creemos que es algo que se planea o un monumento que se construye con esfuerzo. Pero la realidad es más sencilla: dejar huella es nuestra forma de mostrarnos, de actuar y de ser cuando nadie nos está mirando. Se trata un acto sincero de ayudar sin mirar a quien, hacerlo con el corazón y sin esperar nada a cambio.

Diariamente vivimos situaciones, que con sólo un gesto podemos hacer que cambie el día de la persona.

Estamos pegados a las notificaciones y a los audios en 2x, siempre buscando la opción más rápida. Por eso, regalarle tu tiempo y atención a alguien, es hoy el gesto más valioso que puedes ofrecer. La escucha activa no es esperar a que el otro termine de hablar para decir lo tuyo; es mirar a los ojos y permitir que el otro sea.

Te doy un ejemplo… Cuando alguien se acerque a tu escritorio, deja el teléfono y gira tu silla. Míralo a los ojos y pregúntale: ¿Cómo te sientes hoy? Permite que el silencio haga su magia; te vas a sorprender.

A veces, lo único que necesita una persona para brillar es que alguien más crea en ella primero. Tu confianza puede ser el impulso que el otro necesita para reconocer su propio potencial.

Si ves a alguien dudando, recuérdale un éxito pasado. Dile algo como: ¿Te acuerdas de cómo resolviste aquel problema con el cliente X? Confío en que vas a poder con esto también”.

En una organización, todas las personas son igual de importantes. Desde quien nos recibe en la entrada hasta quien toma las grandes decisiones; todos necesitamos sentirnos vistos y valorados.

Llama por su nombre a la persona de mantenimiento, a la recepcionista o al equipo de limpieza. Ese pequeño gesto transforma el clima laboral por completo.

Al final del día, dejar huella no se trata de que pongan nuestro nombre en un cartel, sino de sembrar una semilla de confianza en el corazón de los demás. Cuando ayudas desde el corazón, creas un eco que regresa años después, quizás en forma de una sonrisa o un gracias inesperado.

 

Roxana Gabriela Barrera

Coach AICM Nº14363

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