En ocasiones, como coaches, podemos caer en la tentación de buscar rápidamente la respuesta que creemos que el cliente necesita.
Queremos ayudar.
Queremos avanzar.
Queremos que la sesión tenga un resultado.
Pero quizá una de las mayores aportaciones que podemos hacer sea precisamente no dar esa respuesta.
El cliente no siempre necesita que alguien le diga qué hacer.
A veces necesita un espacio donde pueda escucharse.
Cuando sabemos demasiado pronto
Un cliente puede llegar a una sesión diciendo: “Necesito saber qué decisión tomar.”
La reacción inmediata podría ser intentar ayudarle a encontrar esa decisión.
Sin embargo, antes puede ser más útil preguntarnos: ¿Realmente necesita una respuesta o necesita comprender qué le está impidiendo decidir?
La diferencia es importante.
Porque si damos una respuesta demasiado pronto, podemos resolver el problema de la sesión sin ayudar necesariamente al cliente a desarrollar su propia capacidad para afrontar problemas futuros.
El coaching no consiste en sustituir el criterio del cliente.
Consiste en ayudarle a desarrollar su propio criterio.
La pregunta que cambia la sesión
Una buena pregunta puede hacer que el cliente deje de buscar fuera lo que necesita encontrar dentro.
Por ejemplo: ¿Qué sabes ya y todavía no te estás permitiendo aceptar?
Esta pregunta no ofrece una solución.
Pero puede abrir una puerta.
Otra: ¿Qué decisión tomarías si no tuvieras que justificarla ante nadie?
Y otra: ¿Qué estás evitando decidir por miedo a las consecuencias?
No son preguntas para obtener información.
Son preguntas para generar conciencia.
Acompañar sin dirigir
El coach debe saber cuándo intervenir y cuándo dejar espacio.
A veces el silencio después de una pregunta es más útil que la siguiente pregunta.
El silencio permite pensar.
Permite sentir.
Permite que aparezca aquello que el cliente todavía no había expresado.
Por eso, quizá una de las habilidades más importantes del coaching no sea aprender a hablar mejor.
Sea aprender a escuchar mejor.
Una reflexión para el coach
Antes de una sesión podemos preguntarnos:
- ¿Estoy intentando ayudar al cliente o demostrar que puedo ayudarle?
- ¿Estoy escuchando lo que dice o preparando mi siguiente intervención?
- ¿Estoy respetando su proceso o intentando llevarlo hacia una conclusión?
- ¿Estoy dejando suficiente espacio para que encuentre sus propias respuestas?
Estas preguntas también forman parte del trabajo del coach.
Cierre
El coaching no necesita coaches que tengan todas las respuestas.
Necesita profesionales capaces de acompañar a una persona mientras encuentra las suyas.
Porque cuando una respuesta viene de fuera, puede solucionar una situación.
Pero cuando una persona descubre su propia respuesta, puede transformar la manera en que afrontará muchas otras.
Quizá el verdadero valor de una sesión no esté en lo que el coach consigue que el cliente responda, sino en lo que consigue que el cliente llegue a preguntarse.
Álex Jalón Vázquez
Coach AICM Nº14340
Procesos de cambio y fortaleza personal
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