Vivimos en una época en la que muchas cosas se hacen para ser vistas. Compartimos nuestros objetivos. Mostramos nuestros avances. Publicamos nuestros entrenamientos, nuestros proyectos y nuestros logros.
Pero existe una parte de la disciplina que nunca aparece en una fotografía.
La que sucede cuando nadie está mirando.
Porque es muy fácil cumplir cuando alguien espera algo de nosotros. Lo verdaderamente difícil es mantener nuestra palabra cuando únicamente nosotros sabemos si hemos cumplido o no.
La disciplina privada
Hay decisiones que nadie va a aplaudir.
Levantarte cuando no tienes ganas.
Cumplir con una tarea que llevas días posponiendo.
Entrenar aunque nadie vaya a saberlo.
Estudiar cuando no tienes un examen inmediato.
Decir que no cuando sabes que algo no te hace bien.
Cumplir una promesa que te hiciste a ti mismo.
Son pequeñas acciones que pueden parecer insignificantes, pero construyen algo mucho más importante: la confianza que tienes en ti mismo.
Porque cada vez que cumples tu palabra, aunque nadie lo sepa, estás enviándote un mensaje: “Puedo confiar en mí.”
Y cada vez que incumples sistemáticamente aquello que te prometiste, también estás construyendo una respuesta.
No se trata de exigirte más
A veces confundimos disciplina con vivir permanentemente bajo presión. Pensamos que ser disciplinados significa hacer más, trabajar más, entrenar más o descansar menos.
Pero la disciplina no consiste necesariamente en hacer más.
Consiste en hacer lo que realmente has decidido que es importante, incluso cuando las circunstancias no son perfectas.
También implica saber cuándo parar, cuándo descansar y cuándo cambiar de dirección.
La disciplina no debería convertirse en castigo.
Debería convertirse en coherencia.
Cumplir contigo mismo
Existe una relación que muchas veces olvidamos cuidar: la relación que tenemos con nosotros mismos.
Podemos exigir confianza, respeto y compromiso a otras personas, pero ¿nos ofrecemos nosotros esas mismas cosas?
Si dices que vas a empezar algo, ¿empiezas?
Si decides cambiar un hábito, ¿lo intentas de verdad?
Si sabes que existe una conversación pendiente, ¿das el primer paso?
No necesitamos convertir nuestra vida en una lista interminable de obligaciones. Podemos empezar por algo mucho más sencillo:
hacer una pequeña promesa y cumplirla.
No mañana.
No cuando tengamos más tiempo.
No cuando desaparezca el miedo.
Hoy.
Cabeza, Corazón y Cojones
Para mí, la disciplina también puede entenderse desde tres lugares.
Cabeza, para decidir qué merece realmente nuestro esfuerzo.
Corazón, para recordar por qué queremos hacerlo y mantenernos conectados con nuestros valores.
Cojones, para pasar de la intención a la acción cuando aparecen las dudas, el cansancio o el miedo.
Pensar sin actuar puede convertirse en una forma de aplazamiento.
Actuar sin pensar puede llevarnos a tomar decisiones equivocadas.
Y actuar sin valores puede hacernos alcanzar objetivos que realmente no queremos.
La disciplina aparece cuando conseguimos alinear las tres cosas.
Un ejercicio sencillo
Durante los próximos siete días, elige una sola promesa que quieras hacerte.
Solo una.
Debe ser concreta y realista.
Puede ser entrenar tres días.
Leer diez páginas cada noche.
Dedicar treinta minutos diarios a un proyecto.
Dejar de posponer una conversación.
Caminar cada día.
O simplemente cumplir una tarea que llevas demasiado tiempo aplazando.
Escríbela.
Y durante siete días, cúmplela.
No hace falta publicarla.
No necesitas contársela a nadie.
No necesitas demostrar nada.
Solo necesitas demostrarte a ti mismo que puedes confiar en tu palabra.
La disciplina que nadie ve
Quizá la verdadera disciplina no sea la que mostramos.
Quizá sea precisamente la que ocurre cuando nadie está mirando.
Porque los grandes cambios rara vez empiezan con una gran decisión.
Empiezan con pequeñas decisiones repetidas.
Una promesa cumplida.
Después otra.
Y otra.
Hasta que un día descubres que no solo has cambiado tus hábitos.
También has cambiado la imagen que tienes de ti mismo.
Y entonces entiendes algo:
La persona en la que te conviertes se construye también en aquellos momentos en los que nadie te está mirando.
Never Give Up
Álex Jalón Vázquez
Coach AICM Nº14340
Procesos de cambio y fortaleza personal
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